Las
hojas que caen en otoño
me
susurran que es efímero el tiempo
porque se
escurre entre los dedos
como
la lluvia
y
desaparece si
miras atrás.
Al cerrar la puerta de tu jardín,
las
horas se detienen
desafiando
al cobrizo del arce,
que
ausente y conforme se sitúa
allí en el lugar
que designó la naturaleza.
Perece lentamente el mantillo
y te
vas,
entonces
cimbrea la rama,
el
viento persigue tus pasos,
y no
sé si el tiempo
se
para o acelera
en
delirante circuito.
La brisa se ha quedado con tu eco
y ha devuelto mi mirada,
que lejana se deja vencer
en las
hojas pisadas
por mis pies descalzos,
ya
podridas y muertas.
Foto: Grzegorz Mleczek
