viernes, 3 de enero de 2014

La paz del desierto



Cuando sopla el viento en la ventana, hace un ruido como si pegaran a la puerta. Por eso, en los días ventosos dejo la cristalera abierta, para que el aire sea bienvenido en mi casa. Viene cargado de olor a mar, pero si llega de más lejos, trae aromas de otras tierras, de otras gentes; silbando historias de otras vidas, de otros mundos.
Anoche pegó en mi ventana y lo dejé entrar. Al momento se llenó la sala de una brisa caliente. Venía desde muy lejos. Tomé asiento dejándolo descansar de tan largo viaje. Comenzó a susurrar un vientecillo que se fue transformando en historia.
El oasis de Sihlav ha desaparecido, se ha llevado consigo los dátiles, las palmeras y el agua. El viento ha recorrido la región, filtrándose en cada roca, en cada grano de arena; subiendo cada duna sin encontrarlo. Le ha preguntado a los beduinos, que han respondido que se lo ha llevado la guerra. Se han compadecido de su suerte. Ya no tienen oasis donde descansar de sus viajes y el jefe del clan “el sayyid” ha enfermado por la causa. Le han preguntado al viento si conoce de un médico que cure sus males, pues no son de la edad, ni de las penurias del desierto, sino de la conciencia. Ha perdido a su hija. A su hija y al oasis.
El amor no entiende de clanes, ni de rencillas familiares. El amor no atiende a las razones de los viejos, ni a las prohibiciones de los padres. El oasis tampoco entiende de esto. Desde tiempos remotos, por las leyes del desierto, está prohibido que la guerra entre en el palmeral. La hija del “sayyid”  huyo con un joven del clan enemigo ocultándose en el oasis con la esperanza de preservar su amor de la guerra.
Pero con la entrada de las primeras armas, el desierto se lo tragó todo con ellos dentro. Ni agua, ni palmeras, ni dátiles, ni amor. Sólo quedó arena.
El viento sigue buscándolo recorriendo palmo a palmo la región arábiga, quizás lo encuentre en otro lugar, en otro desierto, allí dónde dos jóvenes puedan amarse.
Si al dejar mi ventana abierta, mi habitación se llena de un aire cálido con olor a dátil, sabré que lo ha encontrado y solo tendré que sentarme a escuchar su fascinante historia.


Foto: Tim de Groot


4 comentarios:

  1. Me encantó, me gustan todos, pero este me llegó especialmente. Feliz Año nuevo compi, al final acaban las fiestas y no nos hemos visto, pero bueno, ya queda poco. Un besote, guapa!!

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  2. Muy bonito, me ha gustado mucho tu estilo. Me quedo por aquí para "cotillear" tus escritos.

    Besos!

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  3. Encantada de que te pases por mi blog! Nos vemos en la esfera bloguera!

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